El Circo y La Pandemia COVID

Por Victoria Sejr.

“ANNULATIONN DE VOS SEJOURS A LA MONTAGNE”.

Un miércoles por la mañana que me encontraba en Madrid, recibí un email con ese asunto. Mi uso y entendimiento del francés es más que limitado, pero no hizo falta ni que abriera el correo ni que lo pasara por el traductor de google para entender lo que me estaban diciendo. Finalmente se cancelaba la siguiente temporada de invierno de la empresa multinacional en partnership con Cirque Du Soleil que era mi único proyecto laboral después de exactamente un año y una semana desde que el primer caso de COVID había sido reportado en Francia. Os cuento mis reflexiones sobre arte y pandemia, sobre circo y COVID.

No fue una sorpresa, ya que me había ido de Inglaterra (lugar donde vivo y doy clases regularmente mientras estoy entre contratos) a España, un poco escapando de la suba acelerada de casos que había hecho que el gobierno de Boris Johnson declarara un tercer confinamiento a nivel nacional.

En parte por el surgimiento de la nueva mutación del virus detectada en el sur de Gran Bretaña, las mismas medidas siguieron casi como en efecto dominó en Alemania, Francia, Holanda, Bélgica y otros países de la Unión Europea.

España en ese momento no volvía a cerrar actividades solamente para no desacelerar, la ya demasiado desacelerada economía durante el 2020. Que supiera el contexto mundial, y que supiera que eso podía pasar, hizo que ese mail no fuera inesperado, pero no significó que fuera menos frustrante. 

En marzo del año pasado, cuando todos pensábamos que entraríamos en una cuarentena de dos semanas y luego de nuevo a la “normalidad”, una de las  empresas de entretenimiento más importante a nivel global, Cirque du Soleil despidió a unas 4,680 personas, el 95% de su personal, debido a la cancelación de sus espectáculos. Cirque, que había sido fundada en Montreal en 1984 y hasta la aparición del coronavirus operaba 44 espectáculos en todo el mundo, tenía una deuda de unos €760 millones. Luego en junio, se declaró en quiebra.

Uno de los principales inversores de la empresa presentó un plan de reestructuración con el apoyo de la provincia de Quebec.

Los tres inversores del circo, la estadounidense TPG Capital, la china Fosun Capital Group y la institución financiera Caisse de dépôt et placement du Québec, debían aportar 100 millones de dólares.

El Gobierno de Quebec prometió otros 200 millones. Las autoridades asumieron el compromiso de volver a contratar a la mayoría de los empleados que había despedido cuando la crisis pasara y la compañía volviera a flote económicamente.  La pandemia todavía no había empezado y ese era el panorama. Si en esas condiciones estaba una de las empresas más importantes y convocantes del mundo, qué nos quedaría para el resto de los mortales.

Antes de la aparición del Covid-19 la industria de la cultura empleaba a 29,5 millones de personas en todo el mundo, según un estudio de Cisac y Unesco.

Solo en la Unión Europea, el sector del espectáculo y las artes daba trabajo a 7.4 millones de ciudadanos en 2019 –lo que representa el 3,7% del empleo–, según datos de Eurostat. Y en España se calcula que más de 10.000 personas, 2.500 familias, viven no de las artes en general sino particularmente del circo.

Los espectáculos masivos fueron los primeros en cerrarse. A ello le siguió cualquier evento que reuniera gente. No solamente era nuestro hobby, para la mayoría de nosotros era nuestra actividad principal, nuestra única fuente de trabajo y de ingresos, nuestro lugar de reunión con amigos.

Habitualmente cuando un artista firma un contrato por un período extenso, nos embarcamos (muchas veces hasta literalmente) en un viaje. Donde nuestro lugar de trabajo puede no existir físicamente, como en el caso de los shows en tour, pero el lugar de trabajo pasa a ser nuestro empleador y nuestro grupo de compañeros. Porque por lo general la actividad es tan demandante (la última temporada de verano en Inglaterra llegamos a hacer tres shows por día sin ningún día de descanso durante un mes y ocho días) que no queda tiempo para socializar por fuera de ese grupo. El trabajo es el universo. Un universo que se arma para un proyecto, dura un período determinado, se desarma, y empieza de cero uno nuevo. 

Todo se esfumó. La asistencia económica de los gobiernos a los artistas fue en promedio, tétrica. Con contadas excepciones de países como Francia, que cuentan con importantes subsidios para ese sector, en la mayoría de los países quedamos a la deriva, cayendo entre las grietas legales de paros, ERTES, y cualquier nombre que cada gobierno local le quisiera poner a una ayuda que no alcanzaba y que muchas veces ni siquiera llegaba, porque al no tener, en muchos casos, un empleo formal, o por ser autónomos, no se llegaba a cumplir con los requisitos que el sistema pedía para acceder a los beneficios.

Tras la declaración del estado de alarma, los 45 circos españoles y sus trabajadores quedaron varados en tierra de nadie. Y de ellos solo tres pudieron mantener su actividad de manera intermitente en algunos pueblos.

En Mayo, el Presidente de Francia, Emmanuel Macron anunció que todos los trabajadores del arte y cultura que hubieran perdido sus trabajos o que no pudieran encontrar uno nuevo, serían cubiertos por un plan nacional de desempleo hasta Agosto de 2021. En Junio, Monika Grutters, Ministra de Cultura del gobierno alemán, anunció mil millones de euros para ayudar al sector a ponerse de nuevo en pie. Esto sin contar los generosos subsidios que cada región alemana había acordado en particular con sus trabajadores.

En Reino Unido me tocó otra realidad, que fue mucho más cruda y hostil. Una de las reacciones más indiferentes a la crisis total de la industria. Durante meses, figuras estelares del espectáculo britanico y cabezas de compañías e instituciones, pelearon, lucharon, y rogaron algún tipo de acción por parte del gobierno nacional.

Inglaterra hasta llegó a lanzar una controversial campaña que generó rechazo en las redes, impulsando a los artistas a buscarse “otro trabajo”; como si los años invertidos en entrenamiento, dolor, sacrificio, capacitación, aprendizaje, inversión en la profesión no nos hubieran costado nada.

Como si pudiéramos cambiarnos a cualquier otra actividad, como si todas las demás industrias no estuvieran también completamente devastadas.

Como si nuestra contribución a la sociedad y a la economía no tuviera ningún valor.

La industria del arte y la cultura en Reino Unido generaba 13 mil millones de euros por año, según un análisis del Centre for Economics and Business Research del año 2019, pre pandemia, y generaba 363,700 puestos de trabajo en ese entonces.

La campaña fue retirada de los medios y de la vía pública, previo a una especie de “disculpa” por parte de las autoridades a cargo, quienes se escudaron diciendo que el propósito era alentar a la gente de cualquier área y profesión a pensar en una carrera en ciber seguridad. Sin embargo, muy poco feliz fue la elección de la imagen.

Muchos  trabajadores de otros sectores entraron dentro del marco de algún tipo de contención económica por parte del estado, en cambio, justamente la industria de la cultura y el arte fue por lejos, la que más abandonada quedó. Seguramente si hubieran puesto en su lugar la foto de un ingeniero, o cartero, o incluso del propio Boris Johnson, la reacción hubiera sido completamente distinta. 

La radio, televisión y sobre todo internet, siempre tuvieron un papel central en la vida cotidiana, pero nunca tanto como durante el confinamiento. “Si piensas que los artistas son inservibles, intenta pasar la cuarentena sin música, libros, poemas o pintura”, tuiteó Stephen King.

Muchos espectáculos intentaron pasarse a la modalidad “online”/ “en streaming”, no dudo que algunos lo habrán hecho con algo de éxito, pero en la gran mayoría de los casos las ventas de tickets no alcanzaron para cubrir los costos iniciales de producción. Hay algo de las performances en vivo, de la interacción física con la audiencia que es irremplazable. 

Ya estamos cansados de escucharlo y de repetirlo, pero lo que estamos viviendo desde el año pasado es una situación sin precedentes que ha atravesado y modificado nuestras vidas en todos los aspectos.

El circo ha sobrevivido catástrofes, guerras, dificultades económicas y se ha recompuesto a través de la historia. Y estoy muy convencida de que lo volverá a hacer esta vez. Básicamente porque la mayoría de los artistas que vivimos de esto, es lo mejor que sabemos hacer y es lo que amamos hacer.

Citando al personaje de Guillermo Francella en la película “El Secreto de sus Ojos”: “el tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia… de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar,  no puede cambiar de pasión”. Y es ese sentimiento que está ahí intacto en un montón de gente el motor que nos va a hacer arrancar tan rápido como se pueda, porque no hay nada más hermoso que vivir de lo que uno ama. Y no nos olvidamos de eso.

Como reflexión final, quiero dejar uno de los pocos consejos que puedo dar desde la propia experiencia porque este lugar reúne a muchos artistas y muchas personas que aspiran a vivir del arte a quienes les puede ser útil:

Tal vez estaban comenzando una carrera justo antes de la pandemia. Algo que me ayudó mucho a mí en este tiempo, fue utilizarlo para prepararme en muchas cosas para las que normalmente no tendría tiempo de perfeccionar, planear o entrenar.

Lo que quiero decirte es que uses este entre-tiempo para estar listo para subir al escenario en tu mejor condición cuando esto termine.

Entrená, entrená muchísimo y lo que puedas, y como puedas. No necesitás un gimnasio para entrenar. Si no tienes espacio, pues ponte fuerte. Entrena flexibilidad, equilibrio. La mente. Inspírate mirando videos de otros artistas, recoge material, mira videos de viejos entrenamientos, arma tu reel, súbelo a YouTube.

Hay miles de maneras de utilizar este tiempo para quedar mejor parados cuando comencemos de nuevo.

Usar esta pausa para crecer profesionalmente a pesar de todas las dificultades. Porque el arte ha sobrevivido a todo y es lo que nos salva. Y este momento no será la excepción.

*Gracias Martina Pineda y Ale Bruno.

One Comment

  • Laura Rey

    Amén, Vicky.

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